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PÁJAROS, ÁRBOLES Y MARAE

PÁJAROS, ÁRBOLES Y MARAE

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Cuando el dios Ta’aroa creó el mundo, éste sacudió las plumas que le cobraban, para vestir la tierra con árboles, lianas, gran hierbas…
En la sociedad ancestral, las plumas procedentes del Creador representaban el símbolo mayor de fertilidad y abundancia, ya que engendraron las primeras plantas de la tierra.
Así, desde el área mítico de los orígenes, árboles, pájaros, y divinidades eran íntimamente ligados.

En el marae, espacio particularmente sagrado, los pájaros y los árboles vestían una importancia considerable. Como emanación de los dioses y ancestros, proporcionaban virtudes particulares a sus usuarios.
Cada familia poseía un espíritu protector, representado a proximidad del marae por una planta, un animal, un mineral que la familia invocaba para cada acción, a lo largo de su existencia, desde el nacimiento hasta la muerte.
Por eso, en el pasado, una multitud de árboles eran plantados en el contorno más cercano de la muralla del marae. La penumbra generada por el follaje atraía la visita de las deidades y de los espíritus.

Durante las ceremonias que tenían lugar en el marae, lugar de silencio y de gran temor, tahu’a ‘upu o sacerdotes rezaban para despertar las divinidades y lograr sus favores.
Su aparición - bajo la forma de pájaros, de soplo ventoso, de llovizna, de lluvia, de arco iris u otras manifestaciones naturales – era el signo esperado por los oficiantes, que certificaba su presencia. Los sacerdotes decían entonces : “ ‘Ua tau mai te Atua ! ¡El Dios se posó justo aquí ! ”

Un altar o ahu, hecho con piedras o coral y simbolizando el espacio más sagrado – de donde provenían y donde se acumulaban las energías telúricas y cósmicas -, con planchas de madera o ramas simples levantadas llamadas unu-marae, eran dedicadas a ellas.
A veces, la extremidad de los unu-marae era coronado con pájaros tallados, caracterizando una especie y la efigie de una deidad.

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Ofrendas de alimentos eran presentadas en plataformas de madera, llamadas fata ‘ai’ai para las pequeñas y fata rau para las grandes. “Cuando los pájaros bajaban para comer estos alimentos, creían que eran los dioses que venían para comer” y por consecuencia estas ofrendas eran agradables.

Un ‘ava’a, pequeña estructura hecha con piedras servía de receptáculo para las efigies de los dioses. Sobresaliendo por encima del marae, habían numerosos árboles en los cuales los pájaros, mensajeros del más allá, venían para posarse.
En cuanto a los otros espacios del marae, eran reservados para los humanos – sacerdotes, jefes, altos dignatarios, tupa’i pahu - tocadores/músicos de tambor.

LAS PLUMAS

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Las plumas, principalmente rojas y amarillas, representaban el bien lo más precioso, eran el privilegio de los jefes principales quienes, llevándolas durante las grandes ceremonias, se identificaban con los dioses.
En cuanto a los sacerdotes, le sacaban el mana, la fuerza de las divinidades, para conservarla y alimentarla en los ídolos de madera, de piedra o de coral llamadas ti’i, en las efigies de los dioses conocidas como to’o y en las planchas de madera esculpidas, los unu-marae.